Claire
El golpe de la puerta ventanal fue tan seco que el ruido aún vibra dentro de mi cráneo, como un eco que se niega a morir. Durante una fracción de segundo que se alarga hasta volverse eterna, permanezco inmóvil, pegada a Antoine, los dedos agarrotados contra la tela de su camisa. Siento el latido de mi corazón en las sienes, en la garganta, en cada centímetro de mi piel, tan violento que estoy segura de que él puede sentirlo vibrar contra su propio pecho.
Él se endereza lentamente, con un