SANAA
La mañana me cae encima como una hoja de hielo, brutal e implacable.
No vi venir nada. Ni esta luz gris que se filtra a través de las cortinas corridas, ni este peso sordo que oprime mi pecho.
Mis párpados se abren lentamente, como si cada segundo me arrancara un pedazo de alma. El aire es pesado, casi sofocante, cargado de silencio y de ausencias.
Mis músculos protestan, doloridos, quemados por cada movimiento que me atrevo a hacer. Mi piel aún lleva las marcas ardientes de la noche pasa