Alba
La noche se estira como una seda oscura, un tejido infinito que envuelve cada respiración.
La habitación apenas respira, saturada de una luz lechosa que anuncia un alba aún lejana.
Cada crujido de la madera en las paredes resuena como un eco discreto, recordando que la casa, también, tiene su propia vida.
Siento la frescura de la sábana contra mi piel, una caricia que contrasta con el calor que me habita.
Sandro duerme a medias, párpados entreabiertos, las pestañas proyectando una sombra s