Alba
La mañana filtra a través de las persianas, trazando rayos dorados sobre el suelo de la cocina. Permanezco en silencio, apoyada en el umbral de la puerta, observando a Sandro preparar el café como si nada de lo que sucedió anoche hubiera existido. Sin embargo, todo está ahí, en el aire cargado, en el sabor ardiente todavía en mis labios, en el escalofrío persistente a lo largo de mi columna vertebral.
Me tiende una taza, nuestros dedos se rozan, y siento ese escalofrío familiar: la tensión