Capítulo 8.- El peso de un legado.
El gran comedor de la mansión Draven exhalaba una opulencia gélida. La plata pulida brillaba bajo la luz de las lámparas de cristal, y el aroma a cordero asado y especias no lograba disipar la tensión que flotaba en el aire.
Dimitrik y Layla estaban sentados uno al lado del otro, representaban una imágen de unidad que, para los ojos expertos de la familia, aún guardaba matices por descubrir. A ojos de un extraño se veían como el matrimonio perfecto, siendo otra la realidad.
Frente a ellos, los