Capítulo 7.- Regreso a la realidad.
El regreso de Santorini no fue el viaje triunfal que los periódicos de sociedad describirían días después. Para Layla, el jet privado de la familia Draven se sentía como una jaula de cristal volando a diez mil metros de altura. A su lado, Dimitrik revisaba informes financieros, ignorando por completo la palidez de su esposa y el hecho de que ella apenas había probado bocado desde la llamada de su madre.
Cuando el coche negro y blindado atravesó las enormes puertas de hierro de la mansión Draven