Capítulo 11. Un abrazo reconfortante.
Layla subió las escaleras con pasos silenciosos, como si temiera que la casa misma pudiera delatarla. El vestido, pesado por la lluvia, se adhería a su cuerpo como una segunda piel helada, y cada peldaño parecía exigirle un esfuerzo que no sabía de dónde sacar. Al llegar al pasillo principal, las luces tenues y la alfombra espesa amortiguaron el sonido de sus tacones; aun así, sentía que el corazón le retumbaba con tanta fuerza que cualquiera podría oírlo.
Cerró la puerta de su habitación tras