Sus palabras flotaban en el aire de su apartamento, cargadas de un peso que podía sentir en mis propios huesos, cómo si los llevara en mi propia espalda a cuestas.
Ricardo, Sofía, Mateo y una promesa.
Las piezas de un rompecabezas oscuro comenzaban a encajar, revelando un cuadro mucho más complejo de lo que jamás imaginé. Ya estaba comprendiendo cuál era la oscuridad que Maximiliano me decía que tenía y por qué la tenía.
Lo miré a los ojos, buscando en ellos la verdad que sus palabras insinua