Los días después de la Nochebuena transcurrieron en una extraña calma tensa. Maximiliano no me había llamado ni enviado mensajes, cumpliendo su promesa de no presionarme. Pero el recuerdo de ese beso fugaz en el pasillo seguía revoloteando en mi mente, sembrando dudas sobre mis propias emociones. ¿Había sido un error atribuirlo solo a la atmósfera festiva? ¿Había una parte de mí que anhelaba reconciliarme con él?
Necesitaba hablar con alguien que conociera toda la historia, alguien que pudiera