Después de la conversación fría y distante con Maximiliano al amanecer, regresé a mi propia habitación con una sensación de vacío instalándose en el pecho. El silencio de mi cuarto contrastaba con el eco de los susurros y los jadeos de la noche anterior en su cama. No logré dormir mucho más, dando vueltas en la cama con la mente llena de preguntas sin respuesta y una creciente sensación de confusión.
La vuelta a Caracas en el jet privado fue un reflejo de esa tensión interna. Un silencio incómo