Aitana se despertó con el cuerpo envuelto en la calidez de Iván. Sus brazos la rodeaban con una firmeza protectora, como si incluso en sueños temiera perderla.
Pero la paz duró poco.
Iván se removió, su respiración se volvió errática, y su agarre sobre ella se tensó.
—No… —susurró en sueños, el ceño frunciéndose en una expresión de angustia.
Aitana se incorporó ligeramente, acariciando su rostro con suavidad.
—Iván… despierta.
Él inhaló bruscamente y abrió los ojos de golpe, como si emergiera d