Aitana aún estaba envuelta en las sábanas, su piel tibia y su cuerpo aún sensible tras su último encuentro con Iván. Él estaba a su lado, con un brazo perezosamente sobre su cintura, como si no quisiera soltarla.
Pero entonces lo sintió.
Un escalofrío en la nuca.
Ese instinto primitivo de que algo estaba mal.
Iván también lo sintió.
En un solo movimiento, se incorporó en la cama, sus músculos tensos, su mirada oscura clavada en la puerta del motel.
Silencio.
Demasiado silencio.
Aitana contuvo e