El motor aún rugía cuando Iván tomó una carretera secundaria, alejándose del caos en la autopista. Aitana respiraba con dificultad, su cuerpo aún vibrando de adrenalina.
—Necesitamos escondernos antes de que manden más hombres. —Iván apretó la mandíbula, sus nudillos blancos sobre el volante.
Aitana asintió, mirando por el espejo retrovisor. No había luces siguiéndolos. Por ahora.
Después de veinte minutos de conducción tensa, Iván tomó un desvío hacia un viejo almacén abandonado en las afueras