La torre de cristal de Briston Holdings nunca se había visto tan imponente como aquella mañana de martes. En las pantallas gigantes del vestíbulo, los gráficos de Bloomberg mostraban una línea verde ascendente que parecía desafiar la gravedad. Bajo la dirección de Joe, la empresa había recuperado un 12% de su valor bursátil en tiempo récord. Su enfoque en la transparencia y la renovación de los contratos energéticos había atraído a inversores que antes miraban a la familia con recelo.
Joe Briston observaba la ciudad desde su oficina en el piso 45. Tenía una taza de café negro en la mano y el nudo de la corbata ligeramente flojo. Debería sentirse victorioso, pero en su pecho sentía el peso de una tormenta inminente. Sabía que en el mundo de los Briston, el éxito no siempre es una señal de seguridad; a veces, es el cebo antes de que la trampa se cierre.
—Los números no mienten, Joe —dijo Marcus Gin, su asesor de confianza, entrando con una tableta en la mano—. El mercado confía en ti. P