En contraste, en la casa de Perla, su madre, Marina, no daba más. Estaba agotada. La llegada de Perla no había traído consuelo ni alegría, sino un huracán de inestabilidad emocional y planes absurdos. Marina estaba harta de la montaña rusa de esperanzas y decepciones de su hija, especialmente después de la confrontación en el rancho.
Había sido Marina quien, al escuchar el relato histérico de Perla sobre el "desprecio" de Joe y la "crueldad" de Abigaíl, se había dado cuenta de que necesitaban u