Capítulo XXVII: El Clic Silencioso y el Pacto Silencioso.
El reservado de El Rincón del Fuego se sentía como una burbuja suspendida en el tiempo. La luz ámbar de la lámpara sobre la mesa proyectaba un aura de intimidad sobre Joe y Abigaíl. La conversación había superado los límites de la negociación y se había sumergido en las profundidades de sus vulnerabilidades. Habían hablado de cicatrices, no de negocios.
Joe, con una franqueza que rara vez se permitía, había compartido el miedo a ser traicionado. Abigaíl, por su parte, le había ofrecido no una promesa, sino una certeza: la confianza es un regalo que debe ser tomado, no exigido.
Mientras Aby y Joe seguían cenando tranquilos en el restaurante, sus manos se encontraron sobre el mantel. Joe cubrió la mano de Abigaíl con la suya. El contacto era un juramento silencioso. Se inclinaron el uno hacia el otro. El beso que compartieron no fue de urgencia, sino de reconocimiento, un 'sí' a la posibilidad de un futuro impensable.
Fue en ese instante exacto de abandono que, afuera, entre las sombras