El aire en el "Cactus Cautivo" se había congelado de repente. La pregunta de Perla, cargada de una insidiosa burla, no era una simple curiosidad; era una declaración de guerra territorial. La sonrisa de Sofía se había desvanecido, reemplazada por una incomodidad palpable.
Abigaíl sintió el escozor de la acusación, pero en lugar de inflamarse, la energía de la mañana y el sueño reparador le dieron una capa de acero. No había luchado contra la muerte en el granero para permitir que una mujer rese