El aire dentro de la sacristía era denso, pesado con la ansiedad que Clara intentaba ahogar. Había pasado la noche en un banco, velada por la sombra de las imágenes sagradas. Arthur se había ido, pero la sensación de su presencia acechaba en cada esquina silenciosa. Clara sabía que su hermano no quería saber nada de ella. Su traición había sido demasiado profunda, demasiado dañina para la estabilidad de Carlos y su familia. Pero justo porque su decisión de desaparecer era total, necesitaba el ú