El eco de la confesión de Adriana aún vibraba en las paredes de la casa de invitados cuando la maquinaria de los Briston y la policía se puso en marcha. No hubo tiempo para procesar la traición; el tiempo era un lujo que Cael no tenía. Mientras Joe se alejaba a paso rápido hacia la mansión principal para informar a Abigail y al resto de la familia, el ambiente en la habitación cambió. La luz de las balizas policiales fuera de la ventana bañaba el rostro de Arthur en un azul y rojo intermitente,