La atmósfera en las oficinas centrales del Grupo Briston no era simplemente tensa; era una entidad física, una presión barométrica que hacía que los tímpanos de los empleados vibraran con la inminencia de una tormenta. Los pasillos de mármol de Carrara y las paredes de cristal blindado, que usualmente exhalaban un aura de éxito y estabilidad, hoy parecían los corredores de un mausoleo a la espera de un cuerpo. Los preparativos para la gran gala anual disfrazada de lanzamiento para la fundacion