El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas de encaje de la casona, bañando la mesa del desayuno con una luz que parecía bendecir a cada uno de los presentes. El ambiente era de una paz inusual, una calma que solo se respira tras haber atravesado grandes tormentas. Joe y Abigail habían llegado temprano, con los rostros iluminados por un brillo que no podía explicarse simplemente con un buen descanso.
Nana Roberta, con su habitual eficiencia amorosa, ya tenía a Cael sentado en su si