El aire de Nueva York en noviembre era gélido, pero no tanto como el ambiente que se respiraba en el piso 45 de las oficinas de Briston Group. Joe había decidido que el ataque no se respondería desde la distancia de Montana. Si querían jugar a destruir reputaciones en la capital del mundo, él les mostraría quién era el verdadero dueño del tablero.
La investigación de Roberto, el abuelo y siempre mano derecha de Joe, había sido implacable. Mientras todos apuntaban a Linda Briston por su historia