El aire en el piso cuarenta y dos de la Torre Bristom no solo era escaso; estaba viciado. El hedor del miedo financiero es algo que ningún purificador de aire de grado industrial puede eliminar. Los miembros de la junta directiva de Bristom Holdings, hombres y mujeres cuyos apellidos solían abrir las puertas de las instituciones más exclusivas de Nueva York, ahora se retorcían en sus asientos de cuero italiano. El escándalo de Linda no solo había drenado las arcas; había perforado el casco de u