Edward escuchó las palabras de Grace y negó en silencio. Se levantó lentamente, su expresión cada vez más dura. Se giró hacia ella y frunció el ceño.
— ¿De verdad quieres terminar esto? ¿Solo por esta situación? —preguntó con voz tensa, acercándose hasta el pie de la cama. Su mirada reflejaba una mezcla de incredulidad y determinación—. Estás sedada todavía. Hablaremos con calma cuando te den de alta y volvamos a casa.
—Edward, yo estoy... —intentó decir ella, pero él la interrumpió con firmeza