Edward
Siena tenía esa manera cruel de parecer en calma cuando todo estaba a punto de estallar.
El sol de la tarde bañaba las fachadas antiguas mientras cruzaba la plaza rumbo al despacho legal. Cada paso resonaba con una certeza incómoda: lo que Fiona había puesto sobre la mesa no era una amenaza aislada, era una bomba colocada bajo los cimientos de mi familia.
Grace había cargado sola con eso durante horas.
Y no debía haber sido así.
Entré a la sala de juntas sin detenerme a observar. No nece