Se hizo un silencio incómodo.
―Oh, disculpen mi confusión.
― ¿Entonces? ¿Este es el caballo para ella?
―Sí, sí, Langford. Por cierto, sigues siendo el mismo por lo que veo.
― ¿Tengo que cambiar algo? ―su pregunta era cargado de un tono de frialdad, Vicencio sonrió de manera divertida.
―Es bueno, verte de nuevo. Y bienvenido al pueblo. ―miró a Grace y le sonrió de manera amable, una que confundió Edward por la de coqueteo. ―Bienvenida, señorita. ―extendió su mano, pero Edward la bloqueó.
―N