Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche había caído sobre la isla como una tela pesada. El viento apenas rozaba los postigos, y el silencio era más denso de lo habitual. Isabel había intentado leer, escribir, incluso pensar con orden, pero nada funcionó. Su mente latía como una herida viva, y el colgante —aquel pequeño óvalo opalino— parecía emitir un calor imperceptible desde la mesita de noche.
Se acostó sin apagar la luz. Pero el su







