El silencio denso de la madrugada fue lo primero.
Luego, un imperceptible hormigueo bajo la piel, un despertar que venía de dentro, mucho antes de que la pálida luz del amanecer se asomara por la ventana.
No fue la hora.
Fue la piel.
Se incorporó lentamente, sintiendo cómo una urgencia antigua, que no conocía de razones ni de miedos, la impulsaba desde el centro mismo de su ser.
Era un llamado primario, una necesidad inscrita en su carne, como si algo que había estado dormido por generaciones p