El salón resplandecía bajo las luces de los candelabros de cristal. Cientos de velas iluminaban el espacio con un brillo dorado que se reflejaba en las máscaras de los asistentes, creando un juego de sombras y luces que convertía a cada persona en un misterio andante. Elena se ajustó su antifaz veneciano de plumas negras y detalles plateados mientras observaba el mar de rostros ocultos que se movían al compás de la orquesta.
—Estás deslumbrante esta noche —susurró Adrián en su oído, colocando u