La luz del atardecer se filtraba por los ventanales del ático, tiñendo las paredes de un naranja dorado que contrastaba con la frialdad que Elena sentía por dentro. Llevaba horas sentada en el borde de la cama, contemplando la maleta abierta sobre el suelo de mármol. Vacía. Como si fuera un símbolo de todas las posibilidades que nunca había explorado.
El sonido de la puerta principal abriéndose la sacó de su ensimismamiento. Los pasos firmes de Adrián resonaron por el pasillo, acercándose con e