La noche se extendía como un manto oscuro sobre la mansión mientras Elena permanecía sentada en el suelo de la biblioteca, rodeada de los diarios de Anna. Las páginas amarillentas parecían susurrarle secretos que aún no lograba comprender del todo. Había pasado horas leyendo, buscando algo, cualquier cosa que pudiera ayudarla a entender mejor a Adrián y el legado familiar que lo había moldeado.
Sus ojos ardían por el cansancio, pero algo la mantenía alerta. Una palabra que se repetía en varios