La oficina de Darian estaba sumida en silencio, solo el zumbido de la computadora y el golpeteo del reloj sobre la pared marcaban el paso del tiempo. Pero algo dentro de él se agitaba con violencia. La pluma que sostenía en la mano quedó suspendida en el aire cuando una oleada de ansiedad, casi pánico, lo atravesó como un rayo. El aire se volvió espeso, y su corazón dio un vuelco brutal.
—Elena… —susurró, poniéndose de pie de golpe.
Intentó convencerse de que solo era un mal presentimiento, per