La casa Álvarez estaba en silencio, un silencio incómodo que nunca era buena señal. Sofía caminaba por el pasillo de la segunda planta con un libro en la mano, fingiendo que leía para evadir la realidad. Sin embargo, el sonido seco de un objeto al estrellarse contra la pared en el despacho de su padre la hizo detenerse en seco.
El corazón le dio un vuelco. No era la primera vez que escuchaba ese tipo de explosiones de ira, pero algo en el tono de voz que alcanzó a oír después la dejó helada.
Se