El salón principal del Consejo Supremo imponía respeto desde el umbral. Era una sala inmensa, ovalada, iluminada por candelabros que parecían sostener llamas eternas y paredes cubiertas de escudos, símbolos de cada manada representada. En el centro, una mesa circular de madera oscura reunía a los ancianos, todos con miradas penetrantes y posturas rígidas. La atmósfera estaba impregnada de poder, historia y juicio.
Elena y Darian avanzaron juntos, sintiendo el peso de cada mirada sobre ellos. El