El regreso al hogar de la manada fue acompañado por un silencio extraño. No había cánticos ni vítores como en las celebraciones pasadas, pero tampoco hostilidad abierta. Era más bien un respeto denso, cargado de asombro y miedo. La imagen de Laykan erguido junto a Nix había quedado grabada en cada miembro de la manada: su rey, en todo su esplendor, había decidido mostrarse completo. Eso no ocurría todos los días.
Los lobos que se encontraban patrullando en los límites bajaron la cabeza al verlo