El ambiente en la casa de Miriam era cálido y familiar hasta que la calma se quebró con la llegada de un visitante inesperado. La puerta principal se abrió de golpe sin anuncio previo, y lo primero que se percibió fue un aroma áspero, pesado y dominante que llenó la estancia como una nube densa.
Elena, que estaba sentada junto a Miriam, se llevó instintivamente la mano a la nariz, con el ceño fruncido.
—¿Qué es ese olor…? —susurró con incomodidad.
No era un aroma agradable. Para ella, que aún n