Elise
Época actual
Aunque no quería que mi hijo notara mi nerviosismo, fue inevitable. Me preguntó, a su manera, si estaba triste por irnos a una nueva casa. Andrei no me había dicho gran cosa, pero presentía que hoy sería el día en que nos meterían en ese espeluznante ataúd. No me daba miedo recostarme allí, muchas veces lo había hecho cuando trabajaba con mi padre, pero sí el no poder salir, que algo saliera mal.
«No, no puede salir mal», pensé.
—Un poco, cariño —admití mientras le enjuagaba e