El año 1900 se cerraba como un libro encuadernado en piel y sangre. En la Mansión del Este, el nacimiento de Andrea Filipo no fue recibido con la calidez de un hogar, sino con el escrutinio clínico de quienes diseccionan una presa. Maria, la Matriarca de mirada gélida, observaba la cuna de caoba y seda con una mezcla de triunfo y sospecha.
El Juicio de la Sangre
Apenas una semana después del parto, las dos grandes Matriarcas se reunieron en el solario, donde la luz del invierno filtrada por los