El aire en la Mansión del Este se había vuelto una sustancia densa, casi sólida, durante los últimos meses del invierno. Las paredes de piedra, que habían visto nacer y morir a generaciones del linaje de Filipo, parecían absorber la tensión que emanaba de la habitación de Meryem. Ella, la que una vez fue llamada "la niña de plata", habitaba ahora un cuerpo que se sentía como una fortaleza sitiada. El embarazo avanzaba con una fuerza biológica que desafiaba el bloqueo mágico de la Bruja de la Ci