Mundo ficciónIniciar sesiónEn el despacho privado de la mansión del Este, el humo de los cigarrillos de Maria se mezclaba con el aroma a incienso de Valeria. Sobre la mesa de caoba, el destino de Meryem se subastaba no por poder político, sino por una necesidad enfermiza de control y humillación.
—No podemos arriesgarnos a que un Alfa de otra manada vea lo que nosotros vemos —dijo Valeria, observando a Meryem a través de las cámaras de seguridad mientras la joven caminaba por el jardín—. Su belleza es un imán, Maria. Si la entregamos a un extraño, ese hombre podría fortalecerse a través de ella.
Maria soltó una carcajada fría, expulsando el humo gris. —No tengo intención de darle ese placer a ningún Alfa. He decidido el destino de mi nieta. Se casará con Kael.
Valeria arqueó una ceja, sorprendida. Kael, a sus veintisiete años, era el jefe de seguri







