Australia era un país enorme con más de dos millones de empresas activas.
«¿Cómo diablos iba a saber en cuál de todas ellas trabajaba Valeria?», se preguntó Enzo con irritación, mientras no dejaba de mirar por la ventana de aquella lujosa suite.
Parecía una misión casi imposible. Su asistente ya se lo había dicho.
Lo peor de todo era que Valeria y las niñas estaban bajo un programa de protección o algo similar, lo cual le impedía conseguir información sobre ellas directamente en la emba