Valeria apretó el pie en el acelerador. El auto se movió con mayor velocidad. Sus manos en el volante eran ágiles, la mirada en el retrovisor seguía siendo insistente.
El McLaren buscaba rebasarla, mas no se lo permitiría.
Duraron así varios minutos hasta que las calles conocidas se hicieron presentes y, con ellas, el hecho de volver a estar con sus hijas.
La mente de Valeria se llenó de planes, pensó en la escuela que elegiría, en las películas que verían juntas, en la cena que les prepararí