—Luego de haber examinado la documentación presentada por los representantes de la señora Valeria Muñoz, y ante la falta de refutación clara y contundente por parte del señor Enzo Dubois —pausó, observando a ambos—, este tribunal considera que hay fundamentos suficientes para conceder la disolución del vínculo matrimonial.
Valeria sintió que el corazón le dio un vuelco de alegría. Por fin. Las palabras que tanto tiempo esperó escuchar.
Pero antes de que pudiera saborear esa pequeña victoria, Enzo se levantó con brusquedad, visiblemente alterado.
—¡No, su señoría! —alzó la voz, su tono firme demostrando incluso mayor autoridad que la del propio juez—. ¡No puedo aceptar eso! ¡No puede aprobar este divorcio!
El juez lo fulminó con la mirada y golpeó el mazo con fuerza, sintiéndose ofendido por su demanda.
¿Quién se creía que era para decirle qué hacer?
—¡Silencio en la sala! —ordenó con voz autoritaria—. Señor Dubois, si interrumpe nuevamente, me veré obligado a retirarlo del tribu