El auto se detuvo frente a uno de los spas más exclusivos de Londres. Olivia bajó primero, con sus lentes oscuros. Detrás de ella venía Eloísa, algo más callada de lo habitual. Ambas fueron recibidas con toallas tibias, infusiones de frutas y una atención exquisita.
Una vez recostadas, cada una en su camilla, rodeadas de aromas florales y música relajante, el silencio se volvió cómodo… hasta que Eloísa lo rompió.
—No me creyó —susurró, apenas audible, con la cabeza girada hacia Olivia—. Se notaba en su expresión. Sabía que mentía.
Olivia soltó una risa baja, fría.
—No importa eso —dijo con un dejo de suficiencia, parecía segura de que su plan funcionaría. Tenía que funcionar—. No necesitas que te crea, necesitas que el resto del mundo lo haga. Y para eso ya tenemos todo listo.
—Pero… ¿qué voy a hacer cuando note que mi cuerpo no cambia? —su voz tembló—. No voy a poder fingir una barriga por muchos meses.
—Tampoco necesitas eso —Olivia entrecerró los ojos, como si ya tuviera toda