El auto se detuvo frente a uno de los spas más exclusivos de Londres. Olivia bajó primero, con sus lentes oscuros. Detrás de ella venía Eloísa, algo más callada de lo habitual. Ambas fueron recibidas con toallas tibias, infusiones de frutas y una atención exquisita.
Una vez recostadas, cada una en su camilla, rodeadas de aromas florales y música relajante, el silencio se volvió cómodo… hasta que Eloísa lo rompió.
—No me creyó —susurró, apenas audible, con la cabeza girada hacia Olivia—. Se n