El sonido del vaso de whisky al chocar contra el escritorio fue lo único que se oyó por varios segundos en aquella oficina donde reinaba el silencio… y la frustración.
Enzo sostenía entre los dedos una hoja de papel con el sello del tribunal. La citación definitiva. La fecha, inicialmente pactada para dentro de algunas semanas, se había adelantado. La audiencia tendría lugar al día siguiente.
Arrugó el papel y lo lanzó a la papelera. Se sirvió otro trago. No era la mejor idea, pero era lo único que lo mantenía en pie sin romper algo.
Desde el escándalo con Eloísa en la empresa, Valeria no había vuelto a aparecer. Se había esfumado.
Y eso lo volvía loco.
—¡Maldita sea! —escupió entre dientes, golpeando el borde del escritorio.
Si supiera dónde vivía, ya habría ido a buscarla. Ya habría hecho lo necesario para que lo escuchara. Podía hacerse una idea de lo que estaba pensando. El repentino embarazo de Eloísa, seguramente añadiría un motivo más para la larga lista de razones para o