Los pasos de Valeria resonaron con elegancia. Llevaba un traje de corte ejecutivo negro entallado, una blusa blanca de seda y tacones a juego. Su cabello, por lo general suelto y desordenado, se encontraba recogido en una coleta alta; sus labios estaban pintados de un rojo intenso y sus ojos exigían silencio sin decir una sola palabra.
El hombre, a la cabeza de la mesa, dejó de respirar por un momento. Su mente le decía que aquello era una mala pasada de su cerebro, ¿tanto la había estado pensa