Julieta
No podía hablar, cada palabra me salía como un suspiro. Pensé que mi vida había sido una serie de infortunios, uno tras otro. Pero él había estado posando su mirada en mí desde hace tanto tiempo, viendo cada paso. Aun cuando lo odiaba, aun cuando huía de él, Damian era mi constante, el espacio y el tiempo.
Sus palabras, sus confesiones, y ver esos tatuajes habían cambiado algo en mí, tanto que era difícil de explicar. Había pasado momentos oscuros, pero él también. Estaba preocupada por