Damian
Estaba herido, el acuerdo, el pacto de sangre, había sido doloroso y cada vez que me alejaba me reclamaba. Ronan lo combatía, aunque él también lo había aceptado como opción. No tenía alternativa, y lo sabía.
—Estoy bien, lo prometo —le seguía diciendo.
—No te muevas —me pedía ella. La herida se iba cerrando, había perdido sangre, pero no podía dejar de mirarla. Algo en ella había cambiado. Sus manos eran cálidas, su expresión preocupada pero suave, sus ojos brillaban.
—Tenemos que sali