Julieta
—Mate, mate… —susurraba Damián, acostándose detrás de mí.
Estos días habían sido un ciclón de emociones. La ciudad ya funcionaba como si nada hubiese sucedido, gracias a las acciones de todos. Alaric iba de un lado a otro y Ágata me había felicitado por las runas que hice, dijo que iban a perdurar para siempre. Pero yo sabía que era el vínculo de mates, nuestros antepasados y el ónix lo que nos daría fuerza y seguridad.
—Diosa, cómo te he extrañado —decía, y su mano iba desde mi abdomen