Eva
—¡Alfonso! —ordenó Nana—. Sal de inmediato y busca ayuda. ¡Ahora!
Otro temblor hizo caer rocas; el ónix intentaba salir, avanzar a toda costa.
—¡Por aquí! —le grité, abriendo un espacio. Estábamos a punto de quedar completamente atrapados.
El muchacho asintió, pálido. Saltó entre las rocas, forzándose a través de un hueco donde apenas cabía. Un segundo después, desapareció. Lo escuchamos gritar: ayuda, ayuda. Su voz haciendo eco. Rogaba que trajera a Freya ¡A alguien!
Y entonces… el túnel ru